Mi nombre es Marta, una chica del 95 nacida en un pueblecito de Córdoba (España).
La verdad es que, si quisiera explicar un poquito de mí y de cómo nació este proyecto, diría que pasó poco a poco y, en parte, porque tenía que pasar.
Estudié psicología sintiendo que esa era mi vocación. Creo que siempre me he identificado con empatizar con las personas e intentar dar un trocito de mí que pudiera hacerles sentir un poquito de claridad y calma en las distintas situaciones de sus vidas.
Sin embargo, cuando terminé de estudiar, y como nos pasa a tanta gente, mi prioridad era trabajar de cualquier cosa con la que pudiera mantenerme por mí misma. Dejando a un lado la psicología, empecé a trabajar en distintas empresas, sobre todo de retail, que me hicieron entrar en contacto con otra parte de mí, interesándome más por la estrategia empresarial, las ventas y el marketing.
Mientras tanto, en mi tiempo libre, volvía a salir mi parte más creativa y que había estado escondida en el último tiempo. Empecé a pintar en papel y en lienzo, hasta que un día típico de aburrimiento en cuarentena, hice mi primer experimento con ropa: dibujar con lejía
El resultado quedó tan chulo que me enganché y, en cuanto volvimos a salir a la calle, fui al bazar que tenía más cercano a comprar mis primeras pinturas textiles. Me puse a buscar toda la ropa antigua o que ya no me ponía y a customizarla haciendo cualquier tipo de dibujos.
Desde ahí, mis amigas empezaron a pedirme que les pintara también las suyas y la gente me preguntaba de dónde era la ropa que me ponía. Así que decidí lanzarme a crear diseños más personales y a vender todas las prendas que pintaba por internet.
Mientras tanto, me había mudado de Granada a Málaga, y de Málaga a Almería. Al llegar aquí, tenía claro que quería conocer personas con las que pudiera compartir este hobby, y propuse hacer talleres en los que pudiéramos juntarnos a pintar mientras tomábamos algo y nos conocíamos.
Lo que no me podía esperar es que hubiese tanta gente con ganas de hacer estos planes. Me puse a buscar salas y a organizarlo todo para este primer taller y tuvo tanto éxito, que en ese mismo día fuimos más de 40 personas.
Desde aquí, hacer talleres se volvió rutina y una vez al mes, nos reuníamos los domingos por la tarde a pasar un ratito creativo y diferente.
Poco a poco, fui intentando darle más identidad a este proyecto que, a día de hoy, ya tiene su propio sitio.
Un rinconcito en Almería donde me gusta saber que podemos desconectar de la rutina y conectar con esa parte más niña de nosotras mismas, donde pintar ropa, crear con arcilla, hacer eventos y colaborar con otros creadores para crear una comunidad tan bonita como la que tenemos.
Todas nuestras prendas son de segunda mano, están hechas de algodón orgánico o reciclado.
Para customizarlas, utilizamos solo pinturas orgánicas, hechas a base de resinas, para el color.
Damos un par de capas para que el resultado quede uniforme, y una vez secas, solo necesitamos sellarlas con plancha para que el resultado se mantenga perfecto el mayor tiempo posible.
Lo más importante de esto es que la pintura no se va con los lavados. Para mantenerla en el tiempo, lo único que tenemos que hacer es lavar la prenda en programas cortos y de agua fría.
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